Creo que hablo por
todos y todas cuando digo que a veces, incluso sin pretenderlo, nos
creamos altas expectativas respecto a futuros acontecimientos,
a determinadas cosas que nos rodean, e incluso respecto de algunas
personas. Confiar en las apariencias o guiarnos por la primera
impresión que percibimos puede ocasionarnos duras y profundas
decepciones. No obstante, es el sino de la vida,
decepcionarnos, aprender de ello y seguir hacia adelante.
Con las
decepciones en cuanto a libros suele pasar algo similar. Si
bien, es mucho más complicado aprender de ello para evitar que nos
vuelva a pasar en el futuro. A veces una sinopsis demasiado generosa
o una portada más bonita de lo normal pueden generar en nosotros/as
una idea errónea acerca del mismo.
Como ya podréis
imaginar, esto fue lo que me pasó con La vida resguardada,
de Ellen
Glasgow. Esta novela fue
escrita en el año 1932,
lo que a priori ya
denota que el pensamiento de la época difiere en gran medida con el
que podamos tener a día de hoy.



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